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Bienvenido al blog del proyecto FONCA

Sobre el proyecto

El libro Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI. Una visión posterior al terremoto de 2017 constituye una aportación desde la sociedad civil para la investigación, reflexión y divulgación sobre las consecuencias derivadas de los sucesos de 2017 en una serie de edificios considerados monumentos, siendo algunos de ellos parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Este proyecto es resultado del amor al patrimonio, la historia y la identidad de nuestro país.

En este cometido, se entrelazan la academia y la gestión cultural. En primer término, la investigación del equipo encabezado por la Dra. Alejandra González Leyva de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y después el programa de divulgación concebido por Marco Antonio Silva Barón, historiador del arte, curador y gestor cultural independiente.

El texto obedece al profundo interés y convencimiento que el cometido de la conservación y preservación de los edificios es de suma relevancia para México y el mundo. Si bien por ley son las instituciones del Estado las responsables de proteger los inmuebles en comento, la sociedad civil debe también tener cabida e involucrarse activamente en los procesos, así como las discusiones en torno a las políticas y protocolos que se apliquen a los objetos patrimoniales.

Son diversos los entes que tienen agencia sobre los monumentos objeto de este estudio y hay una multiplicidad de repertorios interpretativos que infieren sobre ellos. Por un lado, se encuentra la derivación oficial, que los considera dignos de conservación y estudio por su importancia histórica según la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (1972). La Academia, por otro lado, los considera parte esencial de los procesos de evangelización, historia colonial, así como la historia del arte mexicano.

Durante siglos, los conjuntos conventuales fueron la piedra de toque de un proyecto de sociedad basado en la fe y la añoranza por la salvación, empero son edificios que también atestiguan manifestaciones culturales más amplias y complejas: El arte, la técnica, la energía y las ambiciones de la cultura material virreinal, las vicisitudes de un siglo de independencia convulso, confuso y de ambiciones contradictorias, y un México moderno que si bien legisla para proteger los monumentos, atraviesa para lograrlo por un proceso de ensayo y error que deviene en afectaciones, alteraciones y modificaciones que contribuyen a la problemática de conservación de los inmuebles.

No obstante, acaso más importante, es que los edificios en comento son parte integral de las comunidades en las que se encuentran. Los templos son todavía espacios de culto vivo, y si bien los conventos cerraron hace mucho tiempo, dichos inmuebles permanecen como referentes de la comunidad, así como puntos de referencia de las comarcas en las que se encuentran. Para muchas personas, los ex conjuntos conventuales son parte de algo difícilmente mensurable pero determinante en importancia, su identidad. El orgullo en su existencia se convierte en algo vital y sobrepasa cualquier legislación o proceso burocratizante del patrimonio.

Los edificios son dispositivos del ciclo vital. La población nace, crece y muere con ellos alrededor. Los ritos de paso, las ceremonias que marcan los antes y después ocurren en sus templos. En ellos sucede el regocijo y la ilusión de nombrar a un nuevo integrante de la comunidad, se hacen votos ante la divinidad y la sociedad para formar nuevas familias y en muchos casos la comunidad se hace allí una para despedirse de los finados. Todo se repite una y otra vez. Las vetustas paredes y las tradicionales capillas son testigos de alegría, ilusión, congoja y resignación, los siglos transcurren, las potestades de los inmuebles cambian, pero los hábitos comunitarios, aquellos que dan coherencia y estructura a los lugareños, continúan.

A veces el patrimonio es carne de cañón. Las piedras no pueden defenderse. Si las condiciones así lo permiten, son objeto de escarnio por las vicisitudes económicas, sociales o ideológicas del momento. Son objetivos de agresiones por la prominencia de su locación, por la importancia de su símbolo o simplemente están en el paso de los que se sienten agraviados.

El texto de la Dra. González Leyva sirve para reflexionar sobre el devenir de los edificios y es asimismo un adecuado instrumento para conocer el estado de la cuestión. Al principio nos introduce al Nuevo Mundo virreinal en el que se gestó la gran arquitectura frailuna, resumiendo el complejo proceso de la ocupación y desarrollo territorial novohispano, para después explicar el tema de la transformación religiosa de los naturales del reino comúnmente conocida como conquista espiritual.

De gran relevancia para la historia de la arquitectura mexicana resulta el conocimiento de las edificaciones ejecutadas en las laderas del Popocatépetl. Las ancestrales tradiciones y los hábitos religioso-espaciales heredados de Europa se trasladaron a la Nueva España, mas, debieron de adaptarse y modificarse según las condiciones encontradas en Mesoamérica, lo cual, por ejemplo, dio como resultado la invención de las capillas al aire libre, producto de la experimentación de los frailes para encontrar un vehículo para realizar su cometido, pero entendiendo los modos de congregación religiosa que las poblaciones nativas realizaban de siempre.

En el capítulo referente a la construcción de los inmuebles, la autora adentra al lector en los paradigmas urbanísticos heredados del Renacimiento y explica los restos que quedan de los mismos en las poblaciones que estudia, del mismo modo relata los procesos, técnicas y materiales que intervienen en la erección de la arquitectura conventual, no dejando de lado ninguno de los temas contenciosos de lo anterior, como pueden ser la autoría o la complejidad técnica en la erección de aquella arquitectura primigenia. Precisamente una aportación de este libro es el estudio realizado a materiales de diversos componentes de los maltrechos edificios estudiados.

De vital importancia para esta publicación y que corresponde al quid de la cuestión, es el entrelazamiento del análisis arquitectónico, historia, historia del arte y estudio de las formas. En el texto, merced al rescate documental y confrontado a lo anterior, se desmonta ya sin ninguna duda el romántico ideal, o más bien ilusión, que la arquitectura frailuna fue creada de jalón y que de alguna manera permaneció inmune al paso del tiempo, inmune a las vicisitudes naturales y prácticas de sus locaciones.

La autora debate, tras la hecatombe sísmica, sobre las consecuencias de los paradigmas de restauración aplicados a lo largo del tiempo a los edificios dañados, propone ideas y aporta conclusiones profundamente valiosas que hacen reflexionar sobre la viabilidad de conservación del patrimonio discutido. Su testimonio sobre el estado en que encontró los inmuebles dañados funcionará como un referente de suma relevancia para las generaciones futuras que tengan que lidiar, inevitablemente, con nuevos daños y retos producto de las decisiones en conservación y restauración, aunadas al fatídico e inevitable fenómeno de los sismos.

Si bien nada es eterno, nada es perenne, nada queda intocado por los avatares temporales, vale la pena estudiar, conservar y difundir los tesoros arquitectónicos de las laderas del Popocatépetl, sus muros hablan volúmenes sobre nosotros y quién hemos sido y somos.

Marco Antonio Silva Barón

Ciudad de México, 2019

De las destrucciones organizadas a las catástrofes inesperadas

Por Luis Fernando López Cortés

Los sismos son algo muy normal en esta zona del país. Hay aproximadamente cuarenta de ellos cada día que en su gran mayoría son imperceptibles. Se miden con respecto a su fuerza y a su nivel de daños, sin embargo, sabemos que son impredecibles. La peculiaridad del ocurrido el 19 de septiembre de 2017 fue su profundidad, el cual ocurrió bastante cerca de la superficie y se sintió como un solo golpe, seguido de un movimiento que afectó sobre todo a edificios medianos, entre ellos los descritos en este libro. No es que fuera un evento único, pero sí uno que hacía muchos años no ocurría de esta forma, por lo que la manera en que afectó a los conventos construidos hace casi quinientos años fue bastante catastrófica comparada con otros de mayor intensidad como el de 1957, 1985 o 1999.

La percepción de la devastación que este sismo dejó a su paso es algo que todos vivimos de formas diferentes, por ello la autora incluyó en el libro la vivencia que se tuvo principalmente en cada uno de los conventos estudiados: Huaquechula, Ocuituco y Tlayacapan. Aunque el impacto de visitar estos sitios a pocos días del desastre fue impresionante, algunos miembros de este equipo no podemos negar que también la curiosidad por conocer más sobre los procesos constructivos fue en aumento al ver expuestos sus materiales, al observar cómo las estructuras que no deberían estar en pie parecían flotar aunque sus nervaduras estuvieran frente a nuestros pies, al descubrir los enormes espesores de concreto a los que habían sido sometidas las bóvedas durante las intervenciones del siglo XX, pero sobre todo a descubrir más sobre sus técnicas e historia constructiva.

Para llegar a la destrucción actual teníamos que ir en orden, así que comenzamos por describir cómo se comenzó la construcción de los conjuntos conventuales. Desde los tratadistas en quienes pudieron basarse para la traza de la ciudad y diseño de los edificios, hasta los materiales y herramientas que se emplearon en la edificación de cada una de sus etapas. Cada uno de los edificios son diferentes, tanto por los terrenos donde son desplantados, como por los materiales con los que se construyen. Pueden existir similitudes e inclusive encomenderos que quedan como autores de diferentes edificios, pero aun así cada uno requiere un estudio diferente.

Fotografía huaq
Durante todo este proceso, la arquitectura y la historia deben ir juntas, pues a través de la investigación de archivo se corroboran los datos que se obtienen en campo sobre las medidas, materiales, proporciones y estructuras. A su vez los datos de archivo se nutren y se comprueban con lo que existe en el sitio, ya sea en pie o las huellas en los muros. Determinar etapas de construcción a lo largo de cada investigación es una labor que no se limita únicamente a una profesión, sino que es una cuestión interdisciplinaria. Con esto se puede conocer cada una de las modificaciones que ocurrieron en el transcurso del tiempo. Es decir, un edificio de esta magnitud no se terminó en dos años, pasaron cientos de años y decenas de modificaciones para obtener los conjuntos conventuales que estudiamos actualmente. Si las proporciones y los materiales de los muros nos hablan de los procesos constructivos, las huellas en los mismos nos dictan qué destrucciones organizadas existieron en ese sitio, ya sea para añadir locales al edificio, modificar espacios, al ampliarlos o simplemente por el deseo de transformar el lugar y otorgarle un uso distinto. A su vez, hay huellas que nos hablan de las catástrofes inesperadas: Sismos, incendios o inundaciones que alteraron los espacios de forma permanente y obligaron a los constructores de ese tiempo a realizar modificaciones en su estructura, lo que queda confirmado con los cambios de proporciones y materiales en contrafuertes y muros de algunos edificios como por ejemplo, en el ex convento de San Juan Bautista, Tlayacapan.

Estudiar las estructuras de estos edificios es un tanto distinto a los contemporáneos. Es decir, con los actuales uno revisa los cálculos estructurales, la resistencia del acero y concreto, la marca de los tabiques y los estudios previos de mecánica de suelos. Hace quinientos años no existía esta tecnología, por lo que el diseño estructural se realizaba a partir de la resistencia de los materiales por geometría. Se utilizaban tratados renacentistas de arquitectura como base del diseño estructural y esto se continuó por cientos de años, variando muy poco con respecto a los resultados de los experimentos realizados en la arquitectura de zonas sísmicas. Fue hasta el siglo XX que las intervenciones a estos edificios incluyeron un nuevo material: el concreto. Aunque su aplicación en un inicio se convirtió en una panacea para la conservación de arquitectura patrimonial, con los primeros eventos telúricos considerables se notó algo para lo que no estaban preparados los arquitectos de la segunda mitad del siglo XX: El concreto no trabajaba muy bien en edificios de fábrica, pues éstos consisten en mamposterías, sillares o sillarejos que utilizan cal como mortero, trabajando de forma elástica, mientras que el concreto rigidiza las estructuras y expande las grietas donde es inyectado. Tal fue el caso de los contrafuertes del templo de Tlayacapan y la espadaña de la iglesia de Huaquechula.

Después de revisar materiales y huellas, revisamos las grietas y fracturas de cada edificio. Aunque el sismo ocasionó muchos daños, la humedad era la culpable de algunos de ellos. Algunas grietas no se generaban por los movimientos sísmicos, sino por asentamientos diferenciales en el terreno, esto es, partes del edificio que estaban asentadas en zonas más duras que otras y cuyos asentamientos generaban grietas casi imperceptibles, pero que con el paso del tiempo se hacían más evidentes. Las grietas y fracturas en el piso y bóvedas son diferentes y cada una tiene su grado de riesgo. Incluso tratar de deducir qué movimiento debió tener la torre de Huaquechula para caer de esa forma debe ser evaluado. Estos estudios que rayan en lo forense no son fortuitos; se realizan con el fin de conocer su origen y así determinar las formas de prevenir daños similares posteriores en estos y en otros edificios análogos. Los daños en estos conjuntos conventuales no se deben quedar únicamente como anécdotas de catástrofes. La experiencia en ellos debe servir para futuros eventos y revaloriza la conservación patrimonial, pues mucho de lo ocurrido se pudo prevenir al conocer los daños por la falta de mantenimiento.

Revalorizar la arquitectura patrimonial no significa otorgarle un precio monetario a un edificio y lanzarlo al mercado para saber si vale la pena rescatarlo, sino destacar sus valores de identificación grupal, ideológicos, históricos, culturales y personales, hacer partícipe a la comunidad del edificio que han vivido y dar a conocer que no sólo es un conjunto de muros y bóvedas, sino que su historia dice más de su pueblo y su pasado está completamente vinculado a él. Todos los pobladores tienen plena conciencia del valor religioso de cada convento que estamos estudiando, pero siempre están abiertos a conocer más de él, saber más de su historia y de su legado, pues es algo que ha estado presente en sus vidas y en las de sus padres y abuelos. Si el INAH realiza una labor enorme por el rescate de la arquitectura patrimonial, es labor de cada poblador el rescate de sus valores históricos y su conservación.

Una investigación fascinante

Por Margarita Huertas Vázquez

El libro Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI es un homenaje a todos los monumentos que se encuentran en la ruta de los volcanes, en especial de Huejotzingo, Tlayacapan, Ocuituco y Huaquechula. Es el estudio que se necesita hacer para cada convento que existió en nuestro país, así como también es un homenaje a la historia de las ordenes mendicantes, a la arquitectura antigua y a todos los involucrados en este proceso: desde los anónimos maestros albañiles, los canteros, pintores y mecenas que hicieron posible todo este arte que fue construido para una sola finalidad: la evangelización de los indios.

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La investigación de la Dra. González Leyva, todo lo plasmado en estas páginas es su conocimiento vasto sobre este tema que, en un país lleno de historia tiene que ser valorado y considerado como algo fundamental para cada uno de nosotros. Valorar lo que tenemos en nuestro país, lo que simboliza cada monumento histórico, dejando atrás si perteneció a la iglesia o no, debería de ser algo imprescindible para el mexicano, ya que forman parte de nuestra vida y sí, puedo decir esto porque, ¿qué hacemos cuando vamos al Centro Histórico de aquí de la Ciudad de México o de algún estado de la República? Si no nos detenemos a observar un monumento, como por ejemplo, una iglesia o un museo, es no ir al centro, es solo ir pero como ciegos. ¿por qué? porque cada monumento tiene una historia, una razón de ser que la mayoría de las veces es muy poco conocida. Es por ello, que este libro pretende acercar a todos aquellos que no conozcan el tema y que se interesen por él de alguna manera, es darle nombre a lo que creemos que no lo tiene pero en realidad es todo un lenguaje el de la arquitectura.

El archivo de monumentos históricos ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México y el Archivo General de la Nación nos abrieron sus puertas para la investigación de este libro. En lo personal, fue una experiencia fascinante, desde el momento en el que tuve en mis manos los documentos de principios del siglo XX, en donde se indican todos los daños que tuvieron los conventos ya mencionados, sus acontecimientos más importantes como por ejemplo, daños por sismos, restauraciones y los materiales que ocuparon para ello, en qué fechas y cuánto se tardaron en hacerlo, así como también, las indicaciones de los interesados en el tema de los conventos sobre algunas restauraciones que tenían que hacer para que pudieran seguir en pie y que no se llevaron a cabo, solo fueron ideas que quedaron en posibles soluciones. Por todo esto, podemos saber que un monumento histórico está vivo, que nada está totalmente entero porque a lo largo de su existencia ha tenido muchos cambios, muchas restauraciones por gente especializada de dicha labor o no, que tomaron decisiones malas por desconocimiento de los materiales originales. Y por todas las remodelaciones que se pueden hacer a lo largo de los años en cualquier monumento éste se convierte en otro, en uno distinto que podemos ver hasta nuestros días.

Así como también, los podemos ver desde una perspectiva de mestizaje, ya que son el resultado de la unión entre los tratados arquitectónicos europeos, materiales e instrumentos que los españoles trajeron aquí con los conocimientos de materiales y de construcción que los indignas tenían, ya que ellos fueron la mano de obra. Las fachadas, los contrafuertes, las portadas, las cúpulas, los arcos, las columnas, y el ornamento de las capillas pozas de todos los conventos en México son creaciones únicas que nos identifican como mexicanos por esa fusión de conocimientos arquitectónicos entre Nueva España y España.

Y con todo esto, podemos decir que cada monumento de la arquitectura mendicante de la ruta de los volcanes tiene voz, luz y vida propia.

Presentación en el Museo Nacional de Historia – Castillo de Chapultepec

Por Claudia Sabag Moreno

Velad con vigilancia sobre un viejo edificio; guardadle como mejor podáis y por todos los medios de todo motivo de descalabro. Y haced todo esto con ternura, con respeto y una vigilancia incesante y todavía más de una generación que nacerá y desaparecerá a la sombra de sus muros.
John Ruskin

Hoy en día, se debate si las ideas de John Ruskin continúan vigentes en temas de restauración. En esta Noche de Museos, no abriremos el foro para discutirlo, sin embargo, me pareció pertinente retomar esas palabras. Ya que, la autora del libro cuestiona los métodos con los que numerosos edificios novohispanos fueron restaurados en algún momento histórico y que dichos arreglos fueron en gran medida sus grandes destructores en el pasado sismo del 19 de septiembre de 2017.

Hace diez años ya, que tengo el privilegio de trabajar con la Dra. Alejandra González Leyva en sus investigaciones. De hecho, cuando fuimos sacudidos por el terremoto, en su equipo de investigación estábamos laborando en otro proyecto, que tenía que ver también con la construcción y la destrucción de los edificios novohispanos.

Sin embargo, este golpe, literal y figurativamente no podíamos dejarlo pasar. Dicho de la manera más respetuosa, aprovechamos para conocer las entrañas de estos vetustos edificios, comprobar los sistemas constructivos empleados y verificar las razones por las que efectivamente, se derrumbaron. Desde otro punto de vista, el movimiento telúrico fue un severo juez para cuestionar si hemos guardado con ternura, respeto e incesantemente nuestro patrimonio heredado.

En las páginas del libro Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI se plasman las ideas que la Dra. Alejandra González Leyva y su equipo han elaborado durante toda su trayectoria profesional. Es un condensado amigable para los amantes de la historia, la restauración y la arquitectura de dicho periodo histórico de México.

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Este libro, es el resultado de un trabajo interdisciplinario entre historiadores del arte, arquitectos e ingenieros, en el que queremos transmitir a la mayor cantidad posible de gente, el amor que tenemos a estos edificios por su valor histórico. La interdisciplinariedad ha sido la clave para esta búsqueda. Este mismo método para abordar la problemática, es lo que queremos compartir con ustedes para que lo apliquen en sus empresas de restauración y en la academia. Los tiempos en los que una sola persona era la depositaria de todo el conocimiento han terminado, se requieren de muchas cabezas para llegar a soluciones respetuosas para la conservación del patrimonio.

Una de las muchas conclusiones a las que se llegan en este libro y que en particular quiero tocar porque corresponde al ámbito arquitectónico y de la restauración directamente, es el uso inadecuado del concreto en estas obras. En las observaciones realizadas en campo, se detectó que casi todas las áreas con severos daños estuvieron restauradas con concreto. No se trata de culpar, ni de estigmatizar a nadie. En algún momento de la historia se consideró al concreto como la mejor opción por su rápida aplicación con respecto a los métodos de construcción antiguos y sobre todo por el ahorro en costos. Sin embargo, las nuevas tendencias a nivel mundial, que al mismo tiempo son el empleo las viejas técnicas de construcción, es el mejor camino para conservar este tipo de edificios. Es necesario que los arquitectos y los restauradores nos capacitemos conforme a dichas técnicas para que las fábricas se conserven. No es una labor para los que quieren edificar rápidamente como se hace en la actualidad. Recordemos, que estos portentos se tomaron 300 años de trabajo.

Por último, se necesita la colaboración de las autoridades para el conocimiento de estos edificios. Todavía es una investigación en ciernes, ya que se han estudiado a los conventos frailunos en su aspecto formal, pero no en el constructivo. Así mismo, se requiere que sea más ágil la actualización en técnicas constructivas para la restauración.
Definitivamente, se requiere eliminar al concreto como el material primario en la conservación del patrimonio. Todo ello para que las generaciones que ya no están, las que estamos y las que estarán, sean partícipes de la historia por medio de su herencia, la arquitectura.

Muchas gracias.

 

Arquitectos… ¿Para qué?

Por Claudia Sabag Moreno


En adelante, de aquel pasado suyo verdadero e hipotético, él está excluido; no puede
detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo
que quizá había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro.
Los futuros no realizados son solo ramas del pasado: ramas secas.
Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino.

Hace diez años ya, que tengo el privilegio de trabajar con la Dra. Alejandra González Leyva en sus investigaciones. En ese entonces, ya tenía alrededor de cinco años en la práctica profesional como arquitecta y a partir de ahí, comenzó un viaje de reencuentro amoroso con la profesión. Dicho amor, como en Las ciudades invisibles, surge de los edificios del pasado que ya no son nuestros, que pueden ser el futuro o presente de alguien más, pero tristemente parecen ramas secas de nuestra historia.


A partir de estos trabajos, descubrí lo que podría ser un arquitecto. En tiempos del Virreinato era un experto en diversas disciplinas como la geometría, la cantería (que es el trabajo en piedra), la carpintería, eran hombres que no temían ensuciarse las manos en el trabajo duro. En nuestro tiempo, lucen más como directores de orquesta: Hombres y mujeres que saben de construcción, de reglamentos y un tanto inalcanzables. Lo cual me recuerda que desde que decidí ser arquitecta, siempre me preguntan: ¿qué hace un arquitecto?


Hace tiempo, me era difícil responder esa pregunta… y es que hacemos tantas cosas: podemos dibujar la casa de tus sueños, después construirla y decorarla hasta que sientas que es el refugio perfecto. También hacemos presupuestos y maquetas para que sepas cuanto puede costar tu casa. Entre otras cosas, y lo que atañe a este libro conocemos el comportamiento de las estructuras que sostienen a los edificios.


Así como a nuestro cuerpo lo sostienen los huesos, a las construcciones las sostienen unos cimientos que son como sus pies, unas columnas o unos muros que son como nuestras piernas y una serie de cuartos que están cubiertos por el tórax. A los pobres desafortunados que estudiamos en este libro, fue como si los hubiera atropellado un camión el día del terremoto del 19 de septiembre de 2017. Quedaron expuestos y vulnerables. Había que dar reanimación, en algunos realizar la autopsia, nos resistimos a creer que había que darles santa sepultura.

Debo confesar que, al quedar expuestos, provocaron nuestro hondo pesar además de nuestra curiosidad. No lo digo de manera irrespetuosa. Lo que quiero transmitirles es que a pesar de las adversidades nunca pierdan la curiosidad. La curiosidad es el origen de conocer al otro, que en este caso fueron los conventos de Ocuituco y los que están a su alrededor. La curiosidad no tiene edades, pero sí disminuye con el tiempo. Busquen, pregunten, no dejen de aprender. En las páginas de este libro que les brindamos, esperamos avivar la curiosidad por saber más de la historia de su pueblo, de sus propios orígenes.

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Este libro es el resultado de un trabajo interdisciplinario entre historiadores del arte y arquitectos, en el que queremos transmitir a la mayor cantidad posible de gente, el amor que tenemos a estos edificios por su valor histórico. Me atrevería a afirmar, que el sueño de cualquier arquitecto del mundo es que sus edificios atraviesen la barrera de los siglos. ¡Grandes arquitectos son los que dejaron estos portentos! Estos conventos son nuestro pasado, nuestro pasado verdadero. Ciertamente, en ellos no podemos detenernos, pero necesitamos conocerlos, admirarlos como a nuestros abuelos y si logramos que también ustedes los amen, quizá y sólo quizá, podamos lograr que sean el futuro y presente de alguien que no permita que se vuelvan ramas secas.

Códice Labra: Proceso de composición

Por Cynthia de Labra Espinosa de los Monteros

Para el presente proyecto, se hizo necesario confeccionar una ilustración que permitiera identificar la localización y ruta de los exconventos situados alrededor del Popocatépetl. Esto, principalmente porque no existe un documento de la época novohispana que permita observar de manera simultánea los conjuntos conventuales que se asentaron en las congregaciones de indios de las cercanías del volcán, bajo las órdenes del entonces gobierno español. 

A continuación expondré brevemente cómo fue el proceso de creación de la imagen titulada Códice Labra.

Como puede suponerse, la composición de la ilustración representó un reto artístico-histórico fascinante, pues debía fusionar las necesidades histórico-comunicativas del proyecto con la técnica y la interpretación artística personal. En suma, la creación de la ilustración se centró en sintetizar y representar la información para plasmar la visión general del territorio estudiado y que esto pudiera interpretarse de manera clara y efectiva por el lector.

Con este objetivo en mente, se decidió desarrollar una ilustración que se aproximara a los antiguos códices novohispanos, para conferirle a dicha imagen un carácter dentro del contexto histórico de la investigación y que evidentemente, contribuyera a reforzar el contenido de la misma.

Para lograr lo anterior, de inicio fue necesario revisar la declaratoria de la UNESCO de 1994 titulada “Primeros conventos del siglo XVI en las vertientes de Popocatépetl” en donde los conjuntos conventuales de esa zona se declararon patrimonio de la humanidad. Dicho texto marcó la pauta para ubicar la localización, la ruta exacta en el terreno y lograr comprender la extensión de los edificios, la relación espacial entre ellos y el volcán Popocatépetl.

En segundo lugar fue necesario revisar distintas fuentes que sirvieran como referentes visuales para la composición de la imagen. Dichas fuentes proporcionaron una serie de aportaciones sumamente enriquecedoras, pues además de su evidente belleza y composición, las imágenes organizan una serie de datos importantes acerca del territorio que representan.

Así pues, se revisaron los mapas del siglo XVI de Ocuituco, Morelos de 1588, de Atlatlauhcan y Tlayacapan, Morelos de 15392 y documentos varios como cartas náuticas y algunos mapas realizados en Europa en el siglo XVI, como el mapamundi del cartógrafo y navegante español Juan de la Cosa de 1500.

Del siglo XX se consultó el plano topográfico del Distrito Federal realizado por el topógrafo Antonio Linares en 1902, específicamente para la localización y forma del volcán Popocatépetl. Además se revisaron distintas propuestas contemporáneas de ilustración histórica, que aunque no tenían que ver de ninguna manera con el proyecto, favorecieron la fase de investigación visual.

Como se ha mencionado ya, las imágenes revisadas permitieron observar tratamientos y formas de componer la imagen, al servir como referencias visuales para determinar en este caso, el uso del color, el carácter de la línea, la generación de texturas para la vegetación y algunos elementos topográficos; la relación de proporción entre los objetos y el carácter de los distintos elementos pictográficos, como por ejemplo, las huellas humanas para representar caminos, de tradición mesoamericana.

Para representar las portadas de los edificios, se tomaron como referencia las fotografías tomadas por el equipo de investigación durante las visitas a los exconventos y algunos brevísimos apuntes que se elaboraron in situ.

A continuación se realizó un primer planteamiento visual a manera de boceto para reinterpretar la información recopilada. Se eligió un formato horizontal por el número de conventos en el territorio y para observar con mayor exactitud la ruta revisada en la declaratoria de la UNESCO. En este punto debe mencionarse que, más que realizar una especie de collage con todos los elementos reunidos, el interés de la ilustración se centró en crear algo nuevo a partir de la investigación visual. Es decir, que la imagen fuera y a la vez no, parecida a las imágenes revisadas. Que tuviera un aspecto que pudiera situarse en el contexto histórico de la investigación, pero que al mismo tiempo tuviera una apariencia distinta.  Es otras palabras, no se planteó realizar una ilustración a manera de copia de las fuentes originales.

Una vez definido el boceto preliminar se presentó al grupo de investigación para las observaciones pertinentes.

Ya aprobado el boceto, se realizó  la ilustración de manera tradicional, o sea a mano y se utilizó como soporte el papel Pergamino – elegido, como podrá adivinarse por el nombre. El pergamino presenta texturas que se asemejan a los antiguos manuscritos-. La ilustración se realizó con una técnica mixta, en la que se conjuntaron tinta china, acuarela y grafito.

Se crearon dos propuestas de la ilustración sumamente parecidas, pero que representaban al Popocatépetl de distinta manera. Nuevamente, el equipo participó para decidir la propuesta más adecuada.

El paso final fue darle un tratamiento digital a la ilustración, para acentuar las texturas y dejar más nítido el color y en un segundo momento añadir la tipografía para distinguir los nombres de los edificios. Se eligió la tipografía Aquiline Two por su gran semejanza con las fuentes paleográficas novohispanas y se le dio un color ocre para acentuar el carácter envejecido de la imagen. La fuente se encuentra online y es libre para su descarga.

Para concluir, quisiera mencionar que el proyecto ha sido una gran oportunidad para generar un grupo de trabajo conformado por distintos profesionales que tienen en común el gusto por la historia de México y un gran interés por los edificios. Ha sido muy refrescante trabajar con compañeros que se encuentran comprometidos y abiertos al intercambio de experiencias que impulsan y motivan el quehacer profesional individual. Aprovecho este momento para agradecer a la doctora Alejandra González Leyva por todo su apoyo y entrega. Considero que se debe apoyar y difundir de manera efectiva a proyectos  de investigación como éste tan preocupados por el patrimonio nacional y que, en mi caso particular como ilustradora e historiadora del arte, apoyen el uso de la ilustración como recurso visual al servicio del aprendizaje y de la divulgación de la historia de México.

Resumen curricular de la autora del texto

Es licenciada en Diseño y Comunicación Visual por la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México, su área de especialización es la Ilustración. Realizó la maestría en Historia del Arte en el área de Arte de los Virreinatos en la Facultad de Filosofía y Letras también de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En la actualidad trabaja como docente en la Universidad Marista en donde lleva la asignatura de Introducción a la Historia del Arte para la licenciatura de Diseño Gráfico, trabaja también en el Colegio de Bachilleres No. 3 en donde da la asignatura de Apreciación Artística I y II y en donde ha llevado las riendas del Taller de Artes Plásticas.

Como ilustradora ha trabajado en distintos proyectos para la Fundación Arturo Rosenblueth y Tecnología Educativa Galileo,  en las editoriales: Santillana de México, Global Educational Solutions, Editores Mexicanos Unidos y en proyectos para distintas publicaciones independientes. Finalmente ha participado en distintas exposiciones colectivas y proyectos en donde ha presentado su obra personal como grabadora

Presentación del libro Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI

Por Luis Gerardo Huitron Flores

Después del sismo del 19 de septiembre de 2017, los habitantes de la Ciudad de México y del centro del país comenzamos a evaluar la situación de desastre. La duración de la fase intensa del movimiento telúrico que, según los estudios de la UNAM, se extendió desde los 36 segundos hasta el minuto, cimbró nuestros edificios y recuerdos colectivos. Un sector de la población se volcó a la cuantificación de los daños de los edificios históricos, toda vez que el epicentro del temblor sucedió en la zona del Estado de Puebla.

    La revisión pronta y especializada de las ramas intelectuales y académicas confirmaron nuestras suposiciones y temores. Una gran cantidad de edificios históricos de los siglos XVI al XX sufrieron una serie de daños que abarcan un amplio espectro de destrucción.  

    Las jornadas que mis compañeros realizaron, develaron una serie de daños en los muebles e inmuebles de la ruta conventual de las faldas del Popocatépetl. El escenario casi teatral de la destrucción y sus ruinas como actores principales generaron una duda dentro de la comunidad académica: ¿qué hacemos? Con un sentimiento de resiliencia, los especialistas se acercaron entre sí y establecieron lazos de trabajo en jornadas de salvamento de la pintura mural, el rescate de la obra pictórica y retablística de los templos, y los coloquios en donde el diálogo interdisciplinario y las evidencias encontradas revelaron un abandono parcial, y en ocasiones total, de la mayoría de los templos y conventos que se volvieron el objeto de estudio. 

     Dentro de este esfuerzo se sitúa el libro Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI. Una visión posterior al terremoto del 19 de septiembre de 2017. En el texto, la doctora Alejandra González Leyva, su autora, propone una visión que va de lo general a lo particular, desde el panorama de la conquista espiritual de los pueblos originarios hasta la erección y el deterioro de los conventos de Ocuituco y Tlayacapan en el actual estado de Morelos y el de Huaquechula en Puebla.

    A partir de un recorrido que contempla los sistemas constructivos e hidráulicos, la geometría de las trazas, el papel de los maestros de obra y de sus comitentes, los muros, los cimientos, las bóvedas y los campanarios, la doctora González Leyva y su equipo reconstruyen la ruina en diferentes lecturas. De tal forma se generó un panorama interdisciplinario en donde la historia, la historia del arte y hasta la mecánica de suelos son los pilares de un estudio que aporta información para el largo proceso de reconstrucción que tenemos por delante. 

    El texto de la doctora González Leyva demuestra con evidencias que los edificios en cuestión están erigidos a partir de las técnicas constructivas de la antigüedad occidental. Sin embargo su historia y sus transformaciones no se quedaron ahí, sino que continuaron hasta nuestros días. Se demuestra que a partir del deterioro y la ruina podemos entender los fundamentos de los edificios.

    Lo anterior resulta de gran valía, toda vez que como especialistas tenemos el compromiso de proponer soluciones pragmáticas a problemas radicales. Uno de los planteamientos que he dado como historiador del arte a lo largo de mi vida académica y docente es que algunos de estos espacios se transformen en laboratorios de experimentación en donde los académicos, especialistas y alumnos podamos ejercer la praxis de nuestras ramas de investigación y proponer metodologías y lineamientos contemporáneos. 

    Algunos de estos enunciados son: la revisión de los materiales constitutivos que conforman las restauraciones previas, la renovación de los protocolos de salvamento, y la aplicación de técnicas que incluyan propuestas de contrafuertes y cubiertas más ligeras; por ejemplo de madera, tal y como se cubrieron algunos templos en los albores de la evangelización novohispana. Todas, sugerencias que entiendan a la ruina sin desprecio o temor y la contemplen como parte del desarrollo realista de la vida del edificio. La esencia de este libro lo hace desde el momento en que en el título expone la dicotomía entre la construcción y la destrucción.

    El ejercicio que representa este libro unifica también el trabajo de los estudiantes del colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras y especialistas de la máxima casa de estudios de nuestro país. El aprecio y la fascinación que la doctora González Leyva ha sembrado en todos los que hemos aprendido de ella, nos hace mirar los edificios de múltiples maneras y desde los enfoques de un trabajo complementario.

    Es notable resaltar la labor editorial que conforma el libro. El desarrollo visual de un texto tan completo es necesario para establecer los puentes de interés con las nuevas generaciones y públicos diversos, para que éstos se nutran de los materiales novedosos y atractivos.

   Cabe mencionar el trabajo ilustrativo, gráfico y fotográfico que el material conlleva. Estos elementos de suma importancia completan y redondean un texto que, además, tiene la característica de ser didáctico y la finalidad de que se utilice como material de trabajo, libro de apoyo para todos los especialistas y curiosos que busquen un acercamiento a los edificios que aquí se tratan. 

    Desde esta mesa y como parte del equipo de trabajo que conforma la creación del material que hoy se presenta, extiendo una invitación a la audiencia para que descargue gratuitamente la versión digital y se adentre en el llamativo tema de los conventos novohispanos desde una visión que incluye a la ruina como parte valiosa de su devenir en el tiempo. 

    Este libro es un ejemplo de cómo el ser humano puede obtener conocimientos valiosos de los desastres naturales

Semblanza curricular del autor del texto

Luis Gerardo Huitron Flores (27, enero, 1988).

Doctor en Historia del Arte, maestro en Historia del Arte con orientación en estudios curatoriales, licenciado en Historia y técnico en restauración por la Universidad Nacional Autónoma de México. También es maestro en Estudios Judaicos dentro por la Universidad Hebraica. Es el autor del libro Una catedral bajo tierra. Es creador, director y actor del primer espectáculo de comedia histórica en México: Las Meninas.

Ha trabajado en la restauración y la conservación de la pintura mural de la primera catedral de la Ciudad de México (2005); en la valoración del acta de Independencia del Imperio Mexicano en el Archivo General de la Nación (2008-2009), y en proyectos de restauración y curaduría como “Murano, el camino del vidrio”, “El esplendor de la plata” y “Tradiciones cerámicas” dentro del Museo Franz Mayer (2006-2007).

Es profesor de Historia, Iconografía, Arte Religioso e Historia del Arte en el Centro Conservación de la Ciudad de México, en el Taller de Restauración CDMX, en la Universidad LaSalle y en la Universidad Hebraica.

La historia de un patrimonio que se vive y se resguarda en archivos

Por Leticia Domínguez Hernández

El libro “Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI. Una mirada visión posterior al sismo de 2017” no sólo tiene la finalidad de dar a conocer la investigación que por largos años ha realizado la Dra. González Leyva sobre los sistemas constructivos y los materiales en la arquitectura de la Nueva España, sino que también pretende hacer llegar este conocimiento a todas aquellas poblaciones que conviven diariamente con este patrimonio, ya que al conocer su edificio y comprender su historia es posible que se logre conservar por más tiempo.

Descubrir los conventos a partir de su historia en crónicas y en archivos, fue parte esencial para esta investigación. Por ello, se recopiló toda la información posible sobre la arquitectura conventual ubicada en las faldas del Popocatépetl y en mi caso particular la de San Juan Bautista Tlayacapan.  La tarea desempeñada en los archivos no fue sencilla, ya que nos enfrentamos a la lectura y transcripción de documentos escritos en el siglo XVI o en el siglo XIX para encontrar datos que nos permitieran conocer cómo se ha transformado el inmueble a lo largo del tiempo. La visita y consulta de la documentación resguardada en el Archivo General de la Nación, en el Archivo Geográfico “Jorge Enciso” de la Coordinación de Monumentos Históricos del INAH y del Centro Regional INAH Morelos arrojaron datos relevantes sobre los daños arquitectónicos que sufrieron los templos en diferentes sismos históricos, las medidas de restauración que se implementaron en cada época, principalmente en el siglo XX, y las actividades de protección que se les dieron a los inmuebles para evitar daños futuros. Esta información se volvió crucial para entender cómo se estaban comportando los edificios ante movimientos telúricos. No era la primera vez que la bóveda de Tlayacapan se agrietaba o se caía, que los muros se derrumbaban junto con la pintura mural o que sus contrafuertes necesitaban ser más resistentes para soportar los impactos. Los restauradores y arquitectos de cada época buscaron solucionar, de la mejor manera posible, los daños a los edificios y darles mayor estabilidad, esperando que en un futuro fueran edificios más resistentes ante este tipo de sucesos. 

En las fojas de los expedientes del Archivo Geográfico “Jorge Enciso” constantemente se leía la demanda de solución ante problemas de conservación del inmueble. Se llamaba la atención sobre la existencia de grietas en los muros de la iglesia. Se leían lamentaciones por la pérdida de la pintura mural del convento por la falta de un mantenimiento correcto o desprendimientos de los aplanados por tanta humedad que existía a causa de las lluvias. Era reiterativa la insistencia por impermeabilizar, por consolidar grietas con los materiales que consideraban ser los más pertinentes, como el cemento con cal y arena, el resanado de superficies y la reposición de aplanados, la eliminación de humedad y de hierba que crecía en las bóvedas, así como la restauración de la portada principal al limpiarla y unir la cantera que aparentaba desprenderse. Tal pareciera que era un documento actual, sin embargo, se trataban de problemas que buscaban solucionarse desde los años 80.

Al conocer gran parte de las intervenciones que se le han realizado a los conventos novohispanos podemos entender qué es lo que se observa en el presente, y gracias a esta información se ha podido establecer  su historia constructiva, se ha logrado reconocer porqué un contrafuerte se cae o porqué un muro se desprende de otro, ya que a partir de la identificación de los materiales que conviven entre sí es posible comprender porqué las construcciones se dañan tanto. Los documentos históricos sólo nos arrojan datos, los cuales son interpretados por el historiador mientras los relaciona con lo que ve directamente en los edificios, por ello las jornadas de campo también fueron fundamentales para un mejor entendimiento del devenir del edificio.

En el trabajo de campo observamos cómo el patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO en 1994 se había convertido en un lugar irreconocible al ver los muros destruidos, los enlucidos caídos, parte de la mampostería en los pasillos del claustro o las bóvedas rotas que dejaban pasar la luz natural al interior del templo. Caminando entre andamios, apuntalamientos y grietas solo provocaban añorar el pasado de aquellos conventos, imaginar su vida y olvidar el abandono en el cual se encontraban.  En cada recorrido que realizamos a los conventos de Tlayacapan, Ocuituco y Huaquechula estaba presente la duda e incertidumbre de qué pasaría con este gran desastre y cómo los conventos podrían sobrevivir ante esos daños. Era impresionante entrar a los templos y ver las enormes grietas que partían a la mitad las bóvedas; subir por escaleras donde el barandal se separaba de los escalones; y donde el techo parecía ser una telaraña de fisuras que podrían abrirse cada vez más, rodear los conventos y observar cómo los contrafuertes no lograron soportar el movimiento y se encontraban en el suelo junto con la bóveda que debían soportar. La falta de aplanados en los muros dejaba ver al interior de los muros de tierra y roca volcánica húmeda, mientras que la hierba y el musgo seguían creciendo encima de ellos. En el piso se encontraban las rocas, los aplanados y la pintura mural novohispana junto con los restos de restauraciones pasadas, claro ejemplo del esfuerzo por consolidar, años atrás, la arquitectura mendicante.

La toma de fotografías y de los apuntes dictados por la Dra. Alejandra en los sitios mostraban una realidad cruda, pues el deterioro del inmueble no se debía sólo al sismo sino a la falta de mantenimiento.

Considero que el desconocimiento de la historia y de los conventos provocaron que éstos se vieran como algo inerte y sin vida. Es por ello que con esta publicación se busca enaltecer a las obras arquitectónicas novohispanas que fueron y que son, entenderlas desde sus formas de construcción hasta cada uno de los materiales que forman parte de ellas, ya que son parte de su cuerpo y su alma. Es importante comprender que la labor de resguardo de los edificios del siglo XVI no recae sólo en la población que convive con ellos, sino en todas las personas, ya que se trata de uno de los más grandes Patrimonios de la humanidad que debe ser protegido y nunca más olvidado.

Semblanza curricular de la autora de este texto

Leticia Domínguez Hernández (26/ diciembre/ 1993)

Licenciada en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México y actualmente estudiante de la maestría en Historia del Arte por la misma universidad.

En sus investigaciones, tanto de licenciatura como de posgrado, se ha dedicado al estudio de la historia constructiva y material de edificios novohispanos. La primera de ellas sobre la parroquia de San Miguel Arcángel de la Ciudad de México y actualmente del convento agustino de San Juan Bautista Yecapixtla en el Estado de Morelos. Ambas investigaciones bajo la dirección de la Dra. Alejandra González Leyva.

Dentro de su experiencia en investigación ha participado en diferentes proyectos PAPIIT como “Modelos culturales mexicanos en la década de los sesentas” con el Dr. Enrique X. De Anda (2017) y “La Historia de la técnica del arte” a cargo de la Dra. Clara Bargellini (2019), y por último en el proyecto FONCA “Construcción y destrucción de conventos del siglo XVI. Una visión posterior al terremoto del 2017” que el día de hoy presenta su publicación. Ha participado en diversos coloquios y congresos sobre historia e historia del arte, entre los que destacan el Quinto Coloquio de Arqueología Histórica. Los edificios de gobierno y otras instituciones del siglo XVI al XVIII con el trabajo “San Miguel Arcángel. Construcción y materialidad de un templo secular novohispano” en el Museo Nacional de Historia en junio del 2019, el III Congreso de Jóvenes Investigadores sobre Patrimonio Arquitectónico de la Universidad de Córdoba, España con “San Juan Bautista Yecapixtla, historia constructiva y material de un convento agustino del siglo XVI” en diciembre del 2019 y en el III Congreso Internacional Hispanoamericano de la Historia de la Construcción con la ponencia titulada San Miguel Arcángel. La historia constructiva de una parroquia novohispana en enero del 2019. Del cual se desprende la publicación de dicho trabajo.

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